¿Qué te asusta de la condición de tu hijo?

Te voy a hablar un poco de mis miedos. Cuando nos dieron el diagnostico de Juan Pablo, fue muy duro escuchar a la doctora decir que no había nada que hacer, no había como detener las convulsiones y Juan Pablo se iría degenerando poco a poco hasta morir.

Mi esposo y yo lloramos mucho, pero luego decidimos que al final solo Dios sabe hasta cuándo estaremos aquí. Así que decidimos asumir el reto de buscar la ayuda necesaria para darle a nuestro hijo, la calidad de vida que necesitaba. Dos meses más tarde, estábamos nuevamente en la clínica, producto de una neumonía, de la cual nos repitieron una vez más que no saldría de allí. Sin embargo, no fue así, unas semanas más tarde, estábamos nuevamente en casa con nuestro hijo.

Para el mes de diciembre de ese mismo año, Juan Pablo, presentó nuevamente una fiebre, y un Neumonólogo que lo veía, me dijo que la neumonía había regresado y había que hospitalizarlo nuevamente. Sin embargo, llamé a su pediatra y me recomendó tratarlo en casa y todo salió bien.

Durante todos esos eventos, te confieso que sentí mucho miedo, el temor de perder a mi hijo invadía mi cuerpo y solo podía pedirle a Dios que lo curara. A veces, decaía y sentía que ya no podía más, era muy duro verlo sufrir, estar conectado a un respirador, tener vías tomadas por todas partes de su cuerpo, y sobre todo no saber si lo lograría una vez más. Pero cuando, veía como mi hijo luchaba y se aferraba a la vida, todos mis temores desaparecían. Así que un día dije: Ya no más, no sentiré más temor. Mi hijo es capaz de afrontar cada una de esas pruebas sin quejarse, y lucha y logra salir adelante, así que me dedique a confiar.

Solté mis temores, los entregué a Dios y me dedique a fluir con las situaciones, aceptando que cada una de ellas, nos traía un aprendizaje y que mientras más rápido la aprendiera, más rápido la superaría. A partir de allí, empezaron a aparecer las personas correctas, esas que nos enseñaron a manejar cada situación, a tratar adecuadamente a Juan Pablo, las que nos ayudaron y enseñaron a proporcionarle la calidad de vida que tanto queríamos darle.

Hoy en día no pienso en que mi hijo se va a morir, me dedico a disfrutarlo cada día.  A Vivir todos los días, a disfrutar sus avances, a amarlo tal cual es y sobre todo a no compararlo. Él es como es y así es perfecto.

Es normal sentir miedo, es normal que la condición de tu hijo te asuste, no saber si lo estamos haciendo bien, genera mucho temor, pero es lo mismo que cuando nos enfrentamos a algo nuevo. Hoy te invito a que busques apoyo, que preguntes a otras madres como han logrado ayudar a sus hijos, que sigas las indicaciones de los médicos, de los terapistas e incluso de personas que se acercan amablemente para darte algún consejo. Pero sobre todo, busca apoyo en Dios, pídele su guía divina, que tome control de la situación y poco a poco verás como el temor, el miedo son cambiados por fortaleza y esperanza. Verás como todo empieza a fluir y tu hijo empezará a mostrar sus progresos.

Disfruta a tu hijo, agradece por tenerlo en tu vida, el que te haya escogido como madre y verás cómo lograras ser una “Madre Feliz con tu hijo especial”

¿Quiero saber de ti?  ¿Cuáles son tus miedos? ¿Si has logrado vencerlos?

Déjame tus comentarios, estaré feliz de leerlos

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